El frío que no da paso a la primavera

El otoño español pasó y el patriarca se fue para no volver. Dimos paso a un intenso invierno con la Transición. Sin embargo, los fantasmas de la estación no dejaron llegar a la primavera, que espera en la antesala de la democracia.

martes, 28 de diciembre de 2010

"Un pasado que no quiere pasar"







Como el título de la obra de Nolte “Un pasado que no quiere pasar”, la astilla de la cuestión del Sahara Occidental se enquista en la vida política de nuestro Gobierno y en la integración confiada de Marruecos en las distintas políticas europeas. El ejecutivo socialista de José Luis Rodríguez Zapatero ha vuelto a dar carpetazo a la autodeterminación de un pueblo y a la legalidad del sistema democrático español.

La colonización del Sahara Occidental por parte de España comienza con la repartición del continente africano en la Conferencia de Berlín en 1885. En plena edad imperialista, España es una potencia a la baja, lo que le hace contentarse con ese terreno, yermo en su momento, cercano a las Islas Canarias y con una población “predominantemente nómada y hostil” según los informes de los colonizadores. La situación de la colonia se tensa año tras año, los primeros movimientos nacionalistas de la década de los 50 (aún desorganizados) obligan a Franco a declarar el Sahara Occidental como provincia española. Sin embargo, los procesos de descolonización comenzados en toda África, no dejan a parte a los movimientos nacionalistas saharauis, que toman fuerza en torno al Movimiento para la Liberación del Sahara de la década de los 60, y que más tarde se convertiría en el Frente POLISARIO en 1973.

Las políticas dilatorias de España (el aplazamiento del referéndum de autodeterminación y el despliegue diplomático y militar sobre la zona) encuentran un problema cercano: el reino de Marruecos, que en su idea de “El Gran Marruecos” como renacimiento de la época dorada del Imperio Almorávide, exige los territorios colonizados por España (y en otros términos aún por resolver, Mauritania, país que aún hoy no reconoce).

En este proceso de negociación, Marruecos encuentra a dos aliados fundamentales para la presión internacional: EEUU y Francia, antigua colonizadora de Marruecos y con la que guarda distintas relaciones económicas y políticas (además de una herencia cultural importante). A España solo le quedaba como opción la consulta popular de la sociedad saharaui, como exigía la ONU. 

Es tras el pronunciamiento negativo a la soberanía marroquí del Sahara por parte del Tribunal Internacional de Justicia cuando en un alarde de Antiguo Régimen a la romana, Hassan II inicia la Marcha Verde. 350.000 marroquíes acompañados por 25.000 soldados alauitas, invaden las principales ciudades saharauis del noroeste.

Ante esta situación de pánico político, la decadencia del sistema franquista (6 de noviembre de 1975) recoge a sus tropas acuarteladas y a todos los españoles, (los que no llevaban melhfa ni darrâas) rindiéndose a las pleitesías de su vecino Marruecos y Mauritania. España firma los Acuerdos Tripartitos de Madrid, ilegales según la ONU, donde España cede la administración del territorio a los otros dos firmantes: Marruecos y Mauritania, y abandona definitivamente el Sahara Occidental en 1976.

El resultado de estos acuerdos tripartitos en Madrid fue la crisis para muchos canarios, que veían como se perdía en la inmensidad del océano sus peces y otros que lo habían arriesgado todo en La Güera, El Aaiún, Villa Cisneros…

La descolonización del Sahara queda parada en ese momento. En palabras de José Abu, profesor de sociología de la ULL: “La descolonización del Sahara se encuentra truncada, lo que es responsabilidad directa de España y debe(ría) ser clave en la política exterior del gobierno”.  La transición española y la mayoría de sus actores toman una posición de neutralidad activa con respecto al tema, dando a entender que la situación debe ser tratada por la MINURSO y que a España le corresponde el apoyo humanitario a los desplazados por la guerra del 76 entre el Frente POLISARIO y Marruecos y Mauritania.

Desde el momento del tratado de paz entre Marruecos y el POLISARIO, en 1991, el gobierno marroquí ha jugado con el gobierno español y la Comunidad Internacional y pactado con el ejecutivo francés de turno, las políticas exteriores del área del Magreb, siempre y cuando no se hable de la independencia del Sahara, obligando (o no) al veto de todo tema concerniente a la cuestión saharaui dentro de las ONU. Marruecos juega con el narcotráfico, con los flujos migratorios, o con la economía, de la que se perjudica Canarias después de cada crisis (recordemos la negociación sobre Aminettou Haidar, que provocó el aumento de las exportaciones del tomate marroquí en la UE, o las distintas luchas por el banco pesquero canario- saharaui.)

La sociedad civil española parece aún no haber olvidado esa astilla que ya se enquistó. Sin embargo, la clase política no lo ve así... Esperemos que algún día Fatimetu, Mahyuba o Ibrahim, niños nacidos en los campamentos olvidados de Tindouf, puedan volver a ver el mar, pero esta vez con los ojos de ver, no con los de dentro...

LALIA